jueves, 22 de diciembre de 2011

Renacimeinto


Vio sus manos
y sintió en todo su cuerpo la impotencia.

Vio sus pies
y sintió en toda su cabeza una juventud cansada.

Se vio hacia dentro.

...y sintió que algo había muerto dentro de ella.

Entonces vio hacia atrás,
y sintió vergüenza.

supo entonces que nuevas cosas nacieron ella…

Y sí



Y si pudieran
    mis ojos ver hacia otro lugar
Y si el dolor
    abandonara las tristes calles de mi ciudad
Y si la tristeza dejara de ser esa niña insolente en el cuerpo de la gente

Si tan sólo pudiera alguien responder,
   decirme que pasó…
   decirnos que pasó.

Si por un segundo el dolor se fuera,
     y en algún lugar,
         un abrazo,
           un camino,
              un sendero

Si tan sólo…
          la tristeza dejara de ser esa niña insolente en el cuerpo de la gente

La historia sin moral, tabu o queja

Esta es la historia de Juanno el que vendía huevos de gallina. Era una vez un tal Juanno , que tenia media docena de gallinas y un gallo. Juanno iba por las calles del centro de una ciudad chiquita, El Pueblón le decían. Juanno llevaba empujada una carreta de supermercado grande y arreglada como gallinero, en ella llevaba su media docena de gallinas (al gallo lo dejaba en casa, reponiéndose para la ardua tarea de hacer la magia montada de la reproducción ovípara) y gritaba a todo pulmón: huevos frescos, va llevar su huevos frescos de gallina de Pueblón, venga, venga, lleve sus huevos frescos.
Juanno iba por ahí con los pies descalzos, que porque le daba vértigo no sentir la tierra. Una mañana muy polvorosa, que podía haber sido un febrero o un marzo, Juanno se encontraba sentado a orillas de la fuente principal de El Pueblón, tenía su pie izquierdo sujeto con las dos manos y hacia gestos contusos y contorsionados. En ese momento pasaba en casualidad Pedrosi, un muchacho socarrón, que vendía leche de cabra, mientras arriaba amenazante su rebaño por El Pueblon, al verlo le dijo: Vos Juanno, ¿qué te paso pues? ¿por qué haces esas caras? ¿por qué no andás vendiendo tus huevos? ¿dónde esta tu gallinero? Juanno dejó su pie al ver a Pedrosí y le dijo mientras se ponía en pie: Las gallinas las dejé encargadas con la vendedora de versos del semáforo en la esquina, es que una espina se me metió en el pie y la busco, la busco y no la encuentro. A lo que Pedrosí contesto: mmmm, tené cuidado Juanno, que dicen que una espina perdida se va como herida y sin salida a instalarse al corazón. Los vendedores se vieron sin más, y en lugares diferentes se pusieron a caminar.
Desde entonces cuentan que Juanno vive en olvido (una cantina sin sentido), y tras copa y copa de licor de clavo y jengibre gime sin parar que una espina se le clavo en el corazón y que ni el olvido ni el clavo se la logran arrancar. La vendedora de versos que de gallinas no sabía, ha hecho caldo para la goma y no ha parado de versar. Pedrosí ya hace quesos y el negocio dicen que va para más.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Habitada

Como en el despertar de mi piel
                          de mis sentidos
de mis conciencias:
   la de mi siempre mujer y lo de siempre

te siento diferente
    y diferente te invento,
           me invento,

me reconstruyo, no en tus brazos
                sino en los míos
   con los míos

sin poder
  ni empoderada
        ni nueva
            ni renovada

dejó mi mente el desquicio
    atrás,
mucho queda atrás
me aseguro que ni siquiera a mi memoria alcance
           
              hoy de nuevo voy a caminar

ni lluvias
    ni torrenciales
lo fatídico ya no me cabe

La alegría
  Palabra habitada
Habitada de la palabra alegría

domingo, 11 de diciembre de 2011

Deudas de abrazos


Ayer me comí el espanto y la frustración se me anudo en los pómulos,
quizá por eso los cachetes me nacieron hoy más regordetes.
El día me quedó debiendo abrazos y mis deudas crecieron a ton y son,
ni siquiera pude sonreír a la luna o al sol, que a falta de mi coraje, se lloraba en todos lados del cielo a las montañas.
El día me quedó debiendo un abrazo, que a lo mejor no me quise dejar pagar....

Adiós....


Nunca fue fácil decirte adiós,
nunca me fue fácil decirle a adiós a nadie,
tal vez vendrá de ahí mi ateísmo.

Nunca me quise despedir de ningún lugar y
siempre me quise ir de todos:
esfumarme, esconderme, escabullirme, verbos rectores de una vida contingente.

Las palabras en las manos y en la cabeza me brotaban, siempre...
ahí estaban, las correctas, las indicadas, las precisas.
Pero siempre pasaba algo antes que pudieran llegar a mis labios.
Entonces mis ojos aprendieron a hablar.
(Le decía la niña que cómo lloraba, no sabían que lo que hacía era hablar, hablar, hablar.)

Igual y nunca te pude decir adiós. jamás lo haré, ni en los ojos, ni en las manos, mucho menos saldrá de mis labios.

jamás, nunca, siempre...

jamás voy a decirte adiós
nunca voy querer que lo sepás (ver, oír, leer)
siempre, siempre...

jueves, 10 de marzo de 2011

Marzo de los Dolores

Como me dueles marzo,
en toda la memoria,
el el cuerpo donde tu paso se expresa,
en los sueños que en tus días se han roto,
como me dueles sin Otto y Nora,
sin Efraín en el transitar de tus horas,
en los minutos que se cuentan sin Haydee.

Como te lloro golpeado por Ríos en Guate,
Videla en Argentina...

hay marzo de los dolores.
Habrá que tomar por asalto tus soles,
para que en tus lunas se nos espante el terror
y en las voces unidas que gritan justicia,
construyamos camino por los que en tu paso se quisieron llevar,

pero no entendieron marzo querido,
que nunca se han ido por que vos no nos dejás olvidar.

En cada esquina,
es cada calle,
por tus segundos y en tu nombre,
por los que nunca se van,
por los golpes a los que resistimos
sin más que toda nuestra dignidad,
en todos lados escribiremos,
cantaremos,
gritaremos tus segundos de dolor
hasta que lleguemos a la justicia...
                  hasta que la victoria sea realidad.